El ganado porcino de más alta calidad
NUESTRO ANIMAL
Cerdo de raza ibérica, uno de los producto gastronómicos más apreciados del mundo. El origen del Cerdo Ibérico es en nuestras dehesas.
¿por qué el cerdo Ibérico?
Carne
Alimentación y vida
El cerdo ibérico es una de las joyas más preciadas de la gastronomía española. Es una raza autóctona de la península ibérica, por lo tanto, el origen del Cerdo Ibérico se atribuye a España y algunas zonas de Portugal, es reconocida mundialmente por la calidad única de su carne, especialmente del jamón ibérico. Pero su valor no reside únicamente en el producto final, sino también en la tradición, la cultura y el ecosistema que lo rodean.
La principal característica del cerdo ibérico es su capacidad de infiltrar grasa en el músculo, lo que da como resultado una carne jugosa, sabrosa y con una textura inigualable. Esta infiltración de grasa se traduce en el veteado blanco que se puede observar en productos como el jamón o el lomo ibérico, y que es una garantía de calidad. A diferencia de otras razas porcinas, el cerdo ibérico tiene un metabolismo particular que le permite almacenar grasa intramuscular, lo que es clave en el desarrollo de su sabor característico.
Uno de los aspectos más importantes en la calidad del cerdo ibérico es su alimentación. Durante la última etapa de su vida, conocida como la montanera, los cerdos se alimentan principalmente de bellotas, pastos y raíces en las dehesas, un ecosistema típico del suroeste de la península. Este entorno natural, formado por encinas y alcornoques, es ideal para la cría extensiva del cerdo ibérico. La bellota, rica en ácido oleico, es la responsable de muchos de los beneficios nutricionales y organolépticos del jamón ibérico de bellota.
El proceso de cría es largo y muy cuidado. Los animales viven en libertad, se ejercitan caminando por la dehesa y desarrollan así una musculatura adecuada y una mejor distribución de la grasa. Esta vida al aire libre y el ejercicio físico también contribuyen al desarrollo de aromas más complejos y profundos en la carne.
Una vez sacrificado el animal, comienza el proceso de elaboración del jamón ibérico, que puede durar entre dos y cinco años dependiendo del tipo de curación. Este proceso es completamente artesanal y requiere de un control meticuloso de la temperatura, la humedad y el tiempo. El resultado es un producto gourmet con una combinación de sabores dulces, salados y umami que lo convierten en una auténtica delicia para los sentidos.
Existen diferentes categorías dentro del jamón ibérico, según la pureza de la raza y el tipo de alimentación del cerdo. El más valorado es el jamón ibérico 100% de bellota, procedente de animales de raza pura y alimentados exclusivamente con bellotas durante la montanera. Le siguen otras categorías como el cebo de campo y el cebo, que también provienen de cerdos ibéricos pero con diferentes tipos de alimentación y condiciones de vida.
El cerdo ibérico no solo produce jamón. De él se obtienen otros productos como el lomo, la caña de presa, la paleta o el chorizo ibérico, todos ellos igualmente apreciados por su sabor y textura. Además, se trata de un animal cuya crianza tiene un fuerte arraigo en la economía rural y en la conservación del medio ambiente, ya que contribuye al mantenimiento de las dehesas, un ecosistema de gran valor ecológico.
En resumen, el cerdo ibérico es mucho más que un animal de granja: es parte del patrimonio cultural, económico y gastronómico de España. Su carne, especialmente el jamón ibérico de bellota, es símbolo de excelencia, tradición y sabor, y ocupa un lugar privilegiado en la alta cocina a nivel mundial.